.

Los días van pasando y así como el tiempo compartido pareció estirarse, ahora es como si se alejara veriginosamente como un sueño que se va desdibujando. Así que escribo para mantener presente, al menos lo esencial.
Al conectar con el corazón y tocar al otro manteniendo esa apertura,  me sucedía que ya no era capaz de escuchar al otro. O percibía sus movimientos o estaba en el corazón. Es como si no fuera capaz de sentir al otro sin poner una intención, sin poner algo de mi yo. Y estar en el corazón era justamente no estar en mi yo. Decidí confiar, ponernos a paciente y terapeuta en manos de esa vibración de amor. Seguía sin sentir al otro, pero intuía que sería bueno. Al menos poder estar sin intervenir era para mi un aprendizaje. Y al parecer lo que sucedía era significativo. En los días que han seguido e intentado seguir explorando esta vía. Para mi alegría empiezo a ver lo que se nos propuso, que es posible estar en ambos lugares a la vez, en la apertura y en el detalle. Que ese yo que no lo creía posible era sólo una idea prefijada. Y una vez desmantelada puedo observar que si estoy vibrando en el corazón, a veces el otro se libera con mayor ligeresa y facilidad, porque resuena con lo que estoy sintiendo. Y es cuando entiendo aquello de que el cuerpo sabe donde está la libertad, y resonando o recordando es el camino más amable para alcanzarla.

Francisca