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Desde luego, a casi una semana después del curso, no puedo decir todo lo que ha sido la experiencia Cora. Simplemente porque gran parte de ella no sucede en la superficie, y, aunque tengo noticia de ello, no tengo la suficiente para llevarla a palabras. Pero sobre lo que sí puedo decir, hay algo que me es profundamente significativo, en cierta manera empezó antes, en el primer curso con Mario, y fue lo que me llevó a Cora. Hasta ese momento mis experiencias en el sentir, con la energía, eran algo que vivía yo, en mi mundo privado, en mi aislamiento. Y si alguna vez las compartía, pocas encontraban conversación. Y lo que empezó en ese primer encuentro con Mario, luego en Cora fue nuestro pan de cada día, y fue llevar a la comunicación, de un modo totalmente natural, con honestidad y apertura, todo aquello que a un nivel más sutil podía estarnos sucediendo. Me sentía como estar sentados a la mesa comiendo juntos, y como quien se pide la sal y la mantequilla, estábamos compartiendo, aclarando y enriqueciendo nuestra percepción energética, nuestra intuición. Sin competencias, envidias o sospechas de ningún tipo. Sin aspavientos ni juicios. Con precisión, desde la unidad entre sentir y lenguaje. He escuchado y he sido escuchada cabalmente, y ello es de por sí, sanador. Y lo que no es menos, es que podemos aprender y desarrollarnos compartiendo en ese maravilloso lugar en el que simplemente sentimos y vemos.»
Francisca